jueves, 25 de abril de 2013

Vuelve la guacamaya roja a las selvas de Palenque

Vuelve la guacamaya roja a las selvas de Palenque

Tras un largo proceso de adaptación a la vida silvestre, 20 ejemplares de dicha especie fueron liberados; el proceso se repetirá tres veces a lo largo del presente año
EN PELIGRO. Se calcula que sólo quedan 250 ejemplares en libertad en todo el país. (Foto: CORTESÍA UNAM )

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Jueves 25 de abril de 2013Omar Páramo | El Universal
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Después de haber permanecido extinta en la zona durante 70 años, la guacamaya roja regresó a las selvas de Palenque, con la liberación de 20 ejemplares de la variedad Ara macao cyanoptera, subespecie endémica de México.
Este hecho inédito forma parte de un proyecto cuyo objetivo es reintroducir esta especie en áreas que poblaba originalmente y en el que colaboran la academia, la iniciativa privada, así como organizaciones no gubernamentales y autoridades federales, estatales y municipales, entre las que destacan el Instituto de Biología (IB) de la UNAM, la asociación civil Acajungla, los ecoparques Aluxes y Xcaret, y el Parque Nacional de Palenque.
Esta liberación es la primera de tres que se planean realizar cada año hasta 2015. La meta es que, al concluir este lapso, 250 ejemplares habiten de manera silvestre en los territorios que alguna vez les pertenecieron pero que perdieron ante la actividad del ser humano.
Parte del pasado de México
La guacamaya roja era considerada la guardiana de los árboles por las culturas prehispánicas del sureste mexicano, y sus menciones en ritos y leyendas resultaban frecuentes, así como sus representaciones en pinturas y esculturas.
Por desgracia, hoy su presencia parece limitarse a estas expresiones artísticas, pues prácticamente ha desaparecido de su hábitat original, que va de Tamaulipas a Chiapas.
Para contrarrestar este fenómeno, el pasado domingo 21 de abril se liberaron 20 ejemplares en la selva de Aluxes, que volaron desde ahí hasta su destino final: el Parque Nacional Palenque, ubicado a unos dos kilómetros y medio de distancia. Así, esta ave regresa a una zona en la que el último ejemplar silvestre fue visto hace más de 70 años.
“La guacamaya roja está extinta en 95 por ciento del área que ocupaba en México; de hecho, se calcula que sólo quedan 250 ejemplares en libertad en todo el país: 50 en la selva de los Chimalapas, en Oaxaca, y 200 en el extremo sur de la selva Lancandona de Chiapas”, explica el doctor Alejandro Estrada, responsable del proyecto por parte del IB de la UNAM.
Al liberar los primeros 20 ejemplares en la zona de Palenque se espera que una nueva comunidad en la región sirva de puente entre estos dos reductos que, debido a la devastación ocasionada por el ser humano, quedaron incomunicados geográficamente.
Acción urgente
“En 2007, Acajungla –una asociación civil dedicada a proyectos de conservación– detectó que era urgente evitar el declive en la población de la guacamaya roja, especie declarada en peligro de extinción por la Norma Oficial Mexicana (NOM-059-SEMARNAT-2010)”, señala Estrada.
En 2009, el IB decidió dar continuidad a dicha iniciativa y promover una alianza entre esta entidad universitaria y el parque ecoarqueológico Xcaret, un lugar con experiencia probada en la crianza de esta especie de aves; tres años más tarde se integraron la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT), la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas y la Wildlife Conservation Society, de Nueva York.
Finalmente, en diciembre de 2012 llegaron de Xcaret al parque Aluxes de Palenque 27 ejemplares que estuvieron confinados en una jaula de pre-liberación, en la que aprendieron las habilidades básicas para sobrevivir en la naturaleza.
El siguiente paso fue soltar 20 (tras diversas evaluaciones, siete fueron considerados aún no aptos) para así comenzar el proceso de reintegración en una zona en la que la guacamaya roja había desaparecido.
Con la finalidad de garantizar los mejores resultados, cada ejemplar fue revisado y declarado sano por la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (SAGARPA) y por otros organismos de salud del exterior.
“El proceso no se detiene aquí, pues el recinto ya recibió una segunda generación, conformada por 29 ejemplares, que también aprenderá a vivir de modo silvestre”, añade el investigador universitario.
“Especie bandera”
La reintroducción de la guacamaya roja es crucial para preservar no sólo la especie, sino también un ecosistema entero. Por eso se le llama “especie bandera”, ya que se trata de un ave carismática que, además de despertar simpatía, genera conciencia entre la población. Al proteger su entorno, se hace lo mismo con infinidad de anfibios, insectos, mamíferos y variedades vegetales.
De ahí que el 14 de abril se haya instituido como el Día del Festival de la Guacamaya Roja que, a partir de este año, se celebrará en Palenque como parte de una estrategia para dar a conocer este proyecto e involucrar a la población en la conservación de la flora y la fauna del lugar donde habita.
“Los principales factores que amenazan a la guacamaya roja son la sustracción de pichones para su venta en el mercado negro de mascotas y la importante merma de las selvas tropicales húmedas, su hábitat primario. Difundir estos aspectos entre las comunidades locales es crucial para garantizar que este proyecto llegue a buen puerto”, indica Estrada.
Se estima que, de no tomarse resoluciones en esta década para su conservación, la desaparición de las dos últimas comunidades silvestres que quedan en México sería inminente.
Por esta razón, el IB ha aportado el conocimiento técnico requerido para esta labor, como el análisis genético de los ejemplares liberados (permite asegurar que sean reproductivamente compatibles con las comunidades silvestres) y el diseño de las estrategias que habrán de seguirse en las fases pre y post-liberación.
En la primera se adiestró a los ejemplares para formar parvadas, realizar vuelos largos, reconocer alimento y alejarse tanto del ser humano como de sus depredadores naturales; en la segunda se les dará seguimiento para estudiar y documentar su adaptación a la vida salvaje.
Algunos cuentan con un chip de rastreo para monitorear su actividad; así, a partir de lo observado, se perfeccionarán acciones que ayuden a alcanzar la meta planteada desde un ini

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